martes, 10 de enero de 2012

284-Aurora

“Partirá con el alba”, avisaron los ángeles. Y así fue. Aurora partió con las primeras luces de este día que ella hubiera calificado como “absolutamente caliginoso”. Porque…¿saben? A mamá le encantaban las palabras difíciles y muy bien pronunciadas. “La dicción es fundamental”, decía. Le gustaban las palabras difíciles y los cuentos de Guy de Maupassant, las risas de mis hijos y las flores arregladas con esmero. La música francesa y la gente joven. Comer con elegancia, aun para sí misma y la prolijidad extrema, sin caer en desbordes. Le gustaban las escuelas y las canciones patrias. Los pisos encerados y los cantores un poquito atorrantes. Los buenos libros y las fruteras colmadas. Le gustaba la vida. La más sencilla y más valiosa.

Alba, amanecer…¡Aurora!

En su carcel de silencios sonreía y daba las gracias por los cuidados que se le dispensaban. Sonreía siempre y a pesar de todo, mientras mantenía su coquetería simple, discreta y refinada. Aurora era una mujer gentil. Una señora. Era, además, una argenta madona mallorquina, con todo lo que eso implica.

Mientras esperábamos la llegada de este día, la calesita de la plaza Misericordia nos regalaba sus vueltas desde la ventana, como si se burlara de dolores y fatigas . Y el árbol nos traía pajaritos que ella, adormilada, procuraba cazar con lo que quedaba de su mano traspasada de pinchazos.

Con cada pajarito llegaban sus mandatos: “No hay que tener pereza de atenderse, hija. Jamás ir a dormir con los pies fríos, por ejemplo”. “Una carta sin responder es una mano tendida que se deja en el vacío”. “Una mujer debe saber arreglarse por sí misma sin tener que recurrir todos los días al peluquero o a la manicura”… ¡Y cuántos más desde su ejemplo. Su ejemplo de hija buena, esposa compañera, amorosa mamá y tierna abuela contadora de cuentos! ¡Cuántos mandatos! Aun desde la imagen que dejó entre sus compañeras de la Casa que la albergó los últimos dos años. Mandatos de paciencia, fortaleza, resignación, dulzura, picardía y hasta algún enojo pasajero disuelto más rápido que el viento.

Las hojas verdeaban los vidrios de su cuarto mientras mamá se apagaba lentamente. Y la calesita rodaba cargada de recuerdos. Mamá, con su pañuelo a lo “Carmen Miranda”, dejando nuestra casa inmaculadamente limpia. Mamá cocinando para los chicos de la facu y limpiando pisos pegoteados por entregas sin protestar jamás, con paciencia infinita. Mamá, en la ventana, esperando mi regreso. A veces, severa, fastidiándome con amoroso exceso de límites. Mamá, mil veces mamá de mis abuelos y mi padre. Mamá, trasmitiéndome historias familiares en fotografías casi casi centenarias. Y por fin mamá-maestra de todos aquellos que fueron sus alumnos, comenzando por mí.

Llegué a odiar las vueltas del silencioso carrusel que se empeñaba en acercar infinitas imágenes de Aurora mientras ella, yaciente, se despedía de nosotros.

“Partirá con el alba”, avisaron los ángeles. Y con el amanecer de este día salió de su prisión humana para recuperar sus sueños. Mi hijo Fernando me anima diciendo que tal vez ya su abuela haya sobrevolado la Mallorca paterna o se encuentra enganchada en algún tirante de la Torre Eiffel. Sonrío como ella.

Mi consuelo es saber que queda lo sembrado. Que seguirá en todos aquellos que disfrutaron su paciente gentileza.

El amanecer de mañana convertirá su sufrido cuerpo en polvo. Su voluntad es integrarse al árbol talado que retoña en nuestro parque.

¿Tal vez por eso no lloro? Debo estar convencida de que su delicado espíritu aún tendrá la vida…

Cati Cobas

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Cati!! Soy Alicia tu prima politica o ex prima, ya no importa el mote de parentezco, por que aun tengo el mismo cariño por vos, por Jorge, Mercedes y Fernando.
Termino de leer tu crônica sobre la partida fîsica de tu madre, asî me entero y por esto te escribo para decirte que lo siento mucho.
Cati, hermosa descripciôn de tan hermosa mujer.
Un abrazo y besos a los 4.

CATI COBAS dijo...

¡Muchísimas gracias, prima!Una alegría saber de vos. Un gran abrazo para vos y todos... Cati